Adquisición del local social en 1966.

 

En 1965 con el grupo de danzas consolidado y las restantes actividades ya en marcha, el grupo se ve abocado a una cierta precariedad al tener que abandonar las lonjas prestadas en la calle Bailén, por lo que la principal preocupación se centra en disponer de unos locales propios. 1997-12-26 PRESENTACION FUNDACION 007 redu

Provisionalmente mientras se busca un lugar adecuado, las actividades se reparten entre la Casa Parroquial, anunciado ya su derribo, y las instalaciones de la calle Santa María 14, que compartían la HOAC y el Grupo de Montaña GANERANTZ.

1997-12-26 PRESENTACION FUNDACION 007 redu Junto a este local, en el número 12, se presentó la posibilidad de adquirir el que se necesitaba, y que podría albergar todas las actividades sociales, aunque su precio, 350.000 ptas. hacía parecer inviable el entonces insólito proyecto, dadas las condiciones precarias en que se desenvolvían la sociedades portugalujas en aquellos años.

Disponía de un sótano-bodega, donde realizar los ensayos, vivienda y bar (el antiguo de Irigoyen). Estos en aquella época eran importantes, pues eran donde se desarrollaban las relaciones de todo tipo, personales, políticas, sindicales o culturales.

La asamblea ese año 1966 tuvo lugar en el Colegio Santa María, siendo elegido Josu Torre como presidente, y en abril se decidió realizar la compra, que contó con el respaldo de Enrique Mancisidor, Josetxu Beitia, Juan Zaballa, José Garabieta, Joseba Idoiaga y Lino Arrieta, que aunque no estaban en el día a día de la sociedad, se involucran en el proyecto, que supondría un importante hito en la historia del ELAI ALAI.

Posteriormente en diciembre, se ampliaría con la adquisición de la lonja situada bajo el piso, una antigua frutería y que serviría como local para el naciente proyecto de ikastola que como hemos visto se desarrollaba precariamente en domicilios particulares.

Las obras de reforma y acondicionamiento se iniciaron de inmediato con muchas manos voluntarias y pocos profesionales, lo que hace que al año siguiente se pueda disponer del sótano y el piso, quedando al margen las obras del bar que no se abriría hasta 1972.

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Los socios que trabajaron en aquella aventura, contarán durante años innumerables anécdotas picando los muros, como fueron una plaga de pulgas, un aljibe de vino o algo parecido, que apareció oculto en el sótano, el depósito de monedas de cobre escondidas probablemente en la última Guerra carlista, o el permiso solicitado al Obispado para trabajar los domingos.

Pero el lento e ininterrumpido proceso no permitía olvidar la necesidad de cumplir las obligaciones financieras contraídas. Como Sociedad, ELAI ALAI, no estaba legalizada y por lo tanto no tenía personalidad jurídica, lo que en aquella situación y con el marco legal vigente, implicaría el embargo de su patrimonio a favor del Estado, si se le aplicaba la consideración de actividades subversivas, con su consiguiente disolución. 1968-00-00 Accion ORCURESA

La promulgación en 1966 de la Ley de Asociaciones, abriría la posibilidad de legalización pero la respuesta a esta petición fue siempre el silencio administrativo.

La fórmula a la que hubo que recurrir y que ya ensayaban otras organizaciones en el país era la constitución de una Sociedad Anónima, que fraccionara la propiedad del patrimonio, emitiendo acciones y que la desligara de la actividad a nivel formal. Su nombre, para que no resultara sospechoso, sería Organización Cultural Recreativa S.A. (ORCURESA) y tendría un capital social de 600.000 ptas. que al final fue refrendado por 597 accionistas que le dieron el respaldo necesario.

Por otra parte al igual que otras muchas agrupaciones, se recurrió a un marco legal existente en la iglesia local vasca, que les diera cobertura para evitar arbitrariedades de la Administración, y era la recién creada Organización Atlética Recreativa (OAR), por lo que durante unos años se denominará oficialmente ELAI ALAI OAR.

Otra de las iniciativas que surgieron en 1968 fue la creación de la cooperativa de viviendas GURE ETXEA, que fue descartada por la falta de terrenos asequibles en la Villa.

La creación de la ORCURESA, demostró su oportunidad, dado que la dictadura nunca permitió la legalización de la sociedad aunque toleró su funcionamiento, pudiendo solicitar en su nombre permisos para realización de los actos que se organizaban.

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