Siglo XX: La cultura vasca en su primer tercio.

 

Sobre el tema del euskera, los primeros esfuerzos por su recuperación los encontramos tras el nacimiento del PNV que lo llevaba en su programa ideológico dado el peligro de rápido retroceso en que se encontraba la cultura vasca desde el siglo anterior tras el proceso citado de industrialización del País, con leyes como la de Romanones en 1902 castigando a los maestros que “enseñen en su idioma o dialecto”.

En 1919 encontramos que ya se imparten las primeras clases particulares de euskera para niños, en 1931 se dan también para emakumes y cuando en 1935 se inaugura el actual edificio del batzoki este dedica un aula a ikastola, aunque su duración fue efímera por la llegada de la guerra civil.

Sin embargo en tradiciones como los coros de Santa Agueda, los grupos locales tanto de entidades musicales, deportivas o de amigos, salían a cantar por la noche utilizando casi todos la letra en euskera como se comprueba en el Archivo Histórico Municipal donde se conservan las diversas letras que componían sus coplas y que al parecer requerían autorización previa municipal.

En lo referente a la cultura musical, se nos ha mostrado en el centro de toda la vida social, tanto festiva como religiosa o institucional, la figura del tamborilero, el moderno txistulari, con su milenario instrumento, un verdadero símbolo característico y definitorio de la cultura vasca, como es el txistu.

Su tradición es muy antigua en la Villa, que siempre se preocupó de dotarse de los mejores txistularis del país, que sacaban la plaza por oposición, dado lo apreciada que era su función social y que la resaltaban en ocasiones dándole la doble función de alguacil. Ya en 1860 se conoce la existencia de Banda de tamborileros y hasta el nombre de una de sus tocatas: “Ay, ay, ay, mutillac”.

En este siglo XX sigue manteniendo su consideración, y así en los Programas de fiestas del Ayuntamiento recogen, por ejemplo en 1902, los pasacalles que daban además de amenizar las romerías, en 1912 concurso de “bandas de tamborileros”, creándose en 1926 la Banda Municipal de Txistularis que dos años después ganaría el primer premio en el concurso de txistularis de Donostia.

El prestigio de los txistularis portugalujos era en esos años muy alto y solamente hay que ver sus nombres formando parte de los que crearon en 1927 la Asociación de Txistularis de Euskalerría.

Sin embargo el cambio que anunciara Escorihuela con la industrialización se veía reflejado en la vida de nuestro pueblo, donde la decadencia de sus tradiciones era evidente. Si se seguía manteniendo la vida festiva, con sus tradiciones anuales, sus bailes en la plaza, sus romerías, etc. vemos que la música de orquestas, fanfarrias, o de otros instrumentos como la bandurria, el manubrio, etc. van desplazando al txistulari y a los bailes tradicionales cuya presencia se va reduciendo.

En nuestra Villa, al igual que en el resto del país, los jóvenes que bailaban sus danzas tradicionales lo hacían, como ya hemos señalado, porque así lo habían visto hacer siempre y así seguían ellos. No existían los grupos de danzas sino personas que en días señalados se juntaban cumpliendo la tradición que a ellos les había llegado.

Al finalizar el siglo XIX el romanticismo cultural imperante en toda Europa, lleva a todas las naciones a tomar conciencia de su identidad y se empiezan a mostrar las danzas como espectáculo, como muestra de una identidad nacional y los dantzaris salen a actuar fuera de su ámbito local.

En el Programa de fiestas de 1890 se indica que “tocará la música el tamboril bailándose también un aurreko por varios aficionados del pueblo”.

En 1897 es Sabino Arana quien anima a crear “cuadrillas de dantzaris” por lo que será el Partido Nacionalista Vasco, el primero en promover la creación de los primeros grupos de espatadanzaris. Es una reacción ante la citada generalización de músicas y bailes foráneos, sobre todo los agarrados.

Estos esfuerzos por la recuperación de las tradiciones y los usos vascos, se ven entorpecidos además por motivos derivados de las luchas políticas de aquellos años. Así cuando el 29 de junio de 1905 se programan los actos festivos para la inauguración del primer batzoki portugalujo en el nº 12 de General Castaños, vemos como la autoridad competente, en este caso la alcaldía, prohíbe el uso de “el tamboril, la espata dantza y el auresku en la plaza”.

En 1910 el PNV organizó, el día de San Ignacio, un alarde de espatadantzaris en Bilbao con un total de ocho grupos, presentándose también en la Villa como una “comparsa de espatadantzaris” que al año siguiente se completaría con un grupo de espatadantzaris txikis. En los programas de festejos municipales encontramos ya en 1910 y 1911 “concurso de aurecularis” y “cantadores de jotas y bailadores por parejas”, en 1913 concurso de “bandas de tamborileros” que ganaría la de Sestao con Demetrio Garaizabal y en 1914 concurso de espatadantzaris.

En 1933 cuando en el alarde histórico en San Mamés se reúnen 270 grupos, uno de ellos es de nuestra Villa. Las primeras fotografías que se conocen de estos grupos de danzas portugalujas corresponden a esos años treinta, con el grupo de “dantzaris e hilanderas” que el PNV utilizaba en todos sus actos institucionales o festivos.

Tenemos que dejar constancia en esos años, por lo que de referencia tendría posteriormente para nuestro grupo portugalujo, el nacimiento en 1927 del primer grupo de danzas propiamente dicho, el ELAI ALAI de Gernika que sería el primero en bailar nuevas coreografías en sus actuaciones.

Referente a la manera de vestir que describía Escorihuela, en esas primeras décadas del siglo XX observamos que la blusa se mantiene pero fundamentalmente en las fiestas y sólo en grupos reducidos, tanto de romeros como txistularis.

Unas fiestas en las que, como se puede apreciar en el cartel de 1931, destacaban los txistularis y las regatas de traineras bajo el puente colgante. Este deporte del remo al igual que la pelota, tiene también en Portugalete una tradición muy enraizada. Ya hace dos siglos, en las fiestas de agosto encontramos que los veraneantes que venían a los baños portugalujos podían disfrutar en la ría de competiciones de lanchas y la primera bandera de la historia del remo que se conserva en Ondarroa, fue ganada en 1856 en Portugalete con motivo de una visita real.

En la segunda y tercera década del siglo XX este deporte alcanza su máximo apogeo existiendo dos sociedades deportivas que incluyen el remo entre sus actividades. Traineras locales bajo los colores del Deportivo Portugalete o del Portugalete F.C. compiten juntas entre las embarcaciones vascas de aquellos años.

En cuanto a la pelota vasca que desde antiguo se jugaba en los muros de la iglesia, alcanzó gran nivel tras la construcción en 1886 del famoso frontón La Estrella, del que saldrían portugalujos de fama internacional como fue el caso de Miguel Zabarte, que pintara Arrue en sus lienzos y que mantuvo una gran actividad en las primeras décadas del pasado siglo.

Dentro de la vida musical de la Villa, cuyo máximo exponente lo podemos situar en la centenaria Banda de Música Municipal, debemos señalar que la tradición coral también fue muy importante y ya en el siglo XIX destaca el orfeón Unión Musical, al que siguió la Sociedad Coral, y otras agrupaciones, con el nacimiento en 1932 de la Agrupación Coral Danok-Bat, siendo el Ayuntamiento de Portugalete quien oficializa ese año la palabra OCHOTE organizando el Primer concurso de Ochotes en el kiosco de la Plaza.