Siglo XIX: La descripción de Marcos Escorihuela

 

En la Topografía de Portugalete que escribiera el doctor Marcos Escorihuela en 1870, se nos describen algunos rasgos de la población portugaluja, correspondientes por lo tanto a la primera mitad del siglo XIX.

Así en cuanto al vestir, del que se conservan los dibujos de esos años que recogemos en las páginas siguientes dice:

Se cubren la cabeza con “la antiquísima boina de lana blanca en los solteros y azul la de los casados” y “visten camisa, elástico de lana, encima blusa; gastan pantalón y cubren el pie y pierna con un trozo de lana blanca o amarilla y albarcas”. “Los que se dedican a la marinería calzan botas fuertes y casi impermeables a la humedad”. “El cabello se lo dejan crecer poco, lo contrario de las mujeres que, salvo raras excepciones, llevan todas añadidas largas trenzas que, sueltas y cayendo un metro más por la espalda, es considerado y tenido como adorno. Cubren estas la cabeza con blancos pañuelos si son casadas y de edad madura y las jóvenes de colores varios, todas en forma de toca colocados. El pecho lo cubren con una chaqueta cuadrada bastante ajustada al cuerpo y el escote de ella lo reemplaza un pañuelo de color; las sayas se distinguen por ser compuestas de pedazos de cuadrados de bayeta de caprichosos colores y como los hombres gastan albarcas para los pies, cubierta la pierna con zagalejo blanco de bayeta, aunque es común verlas muchas veces descalzas de pie y pierna, principalmente en verano.”

Los portugalujos “son activos, laboriosos y pacíficos, y no se encuentra en ellos mas que dos arraigados afectos: Dios y los fueros. Un país cuya antigüedad es tan remota y cuyas leyes datan de tantos siglos, es natural que se halle en él, hasta en sus diversiones, una especial fisonomía encarnada en sus habitantes.

El baile denominado Aurrescu es tan antiguo y más que sus fueros, danza en la que luce uno sólo (siguiéndole en círculos varios jóvenes asidos de las manos), su agilidad y oído para llevar el compás de sus movimientos al par de las notas que salen del pito y tamboril tocado a la vez por un solo músico, llevándole a cada conclusión de la danza una joven, a la que rinde homenaje bailando en su presencia y así sucesivamente con todas, hasta que cada uno tiene su pareja correspondiente y se hace desde este punto la danza general.

Y de tal manera está arraigado este género de alegría gimnástica, que todos los pueblos de estas provincias pagan de los fondos municipales el llamado tamborilero, cuyas obligaciones son tocar todos los días de fiesta, dando la vuelta al pueblo, por la mañana con distintas notas, llamado Zorcico y en la plaza por la tarde, donde acuden a disfrutar tan higiénica diversión la mayor parte de sus habitantes. Esta Villa paga además una regular orquesta, cuyo director tiene obligación de enseñar gratuitamente a cierto número de niños.”

“El juego de bolos y pelota es otra de las distracciones de todas las villas y aldeas de este país (y con ello también de esta localidad)”… y en sus bulliciosas fiestas y romerías en “ningún país podrá decirse mejor que en este, que gastan pólvora en salvas: una agradable noticia, el santo del que gasta buen humor, toda categoría de los que contraen matrimonio, de los que se bautizan, etc. etc.” … siendo las plazas donde celebran sus alegres fiestas y “donde se corren más de la mitad del año novillos embolados en los días festivos, cuyas corridas es otra de las favoritas diversiones de estos habitantes.”(*)

Escorihuela nos deja también constancia de su profunda preocupación por los cambios que se estaban produciendo. Inmerso como estaba el pueblo vasco en plena revolución industrial, no puede dejar de constatar las modificaciones que estaba sufriendo no sólo su paisaje sino también su vida social, siendo como era “tan celoso de sus costumbres, de su religión y de sus fueros”. Y todavía faltaba por llegar una guerra civil y unas décadas frenéticas de desarrollo industrial con una brutal inmigración de las distintas provincias españolas para explotar las minas y trabajar en sus fábricas.

Además de estas noticias que nos facilita el doctor Escorihuela, también tenemos otras noticias de este siglo en lo referente a los bailes o danzas como el aurresku, a las que a finales de la centuria ya se les acuñaba la palabra de “euskal” o “eusko”. Su aprendizaje no había sido hasta entonces materia de enseñanza, ya que generalmente siempre se habían aprendido de forma más o menos natural en las fiestas, donde lo bailaban también las mujeres. En una carta de un veraneante bilbaino en 1857 se dice sobre las fiestas de nuestra Villa, “baste deciros que se bailaba hasta el aurresku, el cual lo hizo un día primorosamente Antonia la modista, mujer de Emilio” y en el Noticiero Bilbaino de 15 de setiembre de 1875 tras la guerra carlista con el triunfo liberal, se habla de una animada romería, “en la que el más importante papel estuvo reservado a las señoras, dando verdadero ejemplo de entusiasmo liberal, bailando el tradicional aurrescu, que fue calurosamente aplaudido por los concurrentes”.

Son estas líneas anteriores una descripción de la vida en Portugalete en el siglo XIX, bastante completa aunque no se cite entre los deportes, las regatas, que aparecen en los programas de fiestas de aquellos años 60 y no tampoco hable para nada del idioma.

Lógicamente el euskera, un valor fundamental y definitorio del pueblo vasco, tenemos que reconocer que había empezado su retroceso en esta parte occidental del País en siglos anteriores. La situación fronteriza de Las Encartaciones en cuyo territorio se fundó en el siglo XIV, los pobladores que vinieron a ella procedentes fundamentalmente de la zona romance de la Ría, su vocación desde el comienzo como Villa marinera comercial, hicieron que la preponderancia del castellano fuera total. Solamente los que se establecieron procedentes del interior del País Vasco euskaldun o de la margen derecha mantuvieron la lengua, en todo caso siempre minoritaria, obligando como queda constancia en pleitos documentales en el Archivo Histórico Municipal, a que el alcalde, cuando no dominaba el idioma, utilizara un intérprete.

En este sentido es de señalar que el mercado de hortalizas y frutas de las aldeanas del área euskaldun que todavía hoy siguen cruzando la Ría, ha sido un pequeño reducto donde se ha hablado siempre el milenario idioma vasco.